Polvo y cenizas: lo que queda del legado de Escobar

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06 Marzo 2019
Con el derribamiento del edificio Mónaco, símbolo del emporio del narcotraficante Pablo Escobar, Colombia y Medellín cuentan la historia del narcoterrorismo desde el lado correcto: la perspectiva de las víctimas.

Eran las 11:53 de la mañana del viernes 22 de febrero de 2019 cuando se escuchó un fuerte estallido en el corazón de El Poblado, exclusivo sector de Medellín, segunda ciudad de Colombia y capital del departamento de Antioquia.

Fue un golpe profundo y seco que retumbó hasta varias cuadras a la redonda.

La explosión trajo a la memoria oscuras horas de la historia de Medellín, esa ciudad de gente trabajadora y pujante que a finales de los años ochenta vivió sus momentos más duros al enfrentar la barbarie de uno de los criminales más despiadados de la historia: Pablo Emilio Escobar Gaviria. 

Afortunadamente la realidad actual es diametralmente opuesta. Esos días hoy son historia y hacen parte de la memoria y del pasado.

A diferencia de las épocas de auge y opulencia de Escobar, en esta ocasión el vecindario fue evacuado. No había nadie cerca de la implosión, efectivamente controlada por ingenieros expertos en el tema. 

No hubo un solo herido. Y el dolor de víctimas y familiares de hace tres décadas fueron reemplazados por aplausos y lágrimas de alegría.

La edificación implosionada era el edificio Mónaco, una construcción levantada a mediados de los años ochenta por el capo del narcotráfico y cabeza visible del Cartel de Medellín, Pablo Escobar.  

El edificio, que se erigió como un símbolo del emporio del otrora todopoderoso criminal, tardó tan solo un minuto en convertirse en una nube de polvo, como un fiel reflejo del reino caído del narcotraficante que alguna vez desafió al Estado colombiano y que inundó de cocaína las calles de los Estados Unidos.

Pero la explosión del pasado viernes no fue la única que tuvo que soportar el edificio Mónaco. Resistió al menos dos más en su extensa e ingrata historia. 

La más famosa de ellas tuvo lugar el miércoles 13 de enero de 1988. Apenas habían pasado las cinco de la mañana cuando en inmediaciones del edificio estalló un vehículo Toyota cargado con 80 kilos de dinamita. 

María Victoria Henao, esposa de Escobar, y sus dos hijos, Juan Pablo y Manuela, dormían cuando los despertó la explosión. Escobar no se encontraba en el penthouse de más de 1.500 metros cuadrados de extensión.

De los Escobar la que llevó la peor parte fue Manuela, que desde entonces carga consigo una dificultad auditiva consecuencia de la explosión.

Fue un atentado que marcó un hito en la guerra entre Pablo Escobar y sus enemigos del Cartel de Cali. Por eso el edificio Mónaco se convirtió en paso obligado para quienes hacían los narcotours en la capital antioqueña.  

Hoy, tres décadas después, la apuesta de la Alcaldía de Medellín es precisamente hacer frente a los narcotours, una modalidad de turismo que saca provecho de las cicatrices de la Medellín de la época de Escobar y que lejos de condenarlo, hace apología a la vida y crímenes del tristemente célebre narco.

Por eso, a través de la iniciativa ‘Medellín abraza su historia’, se busca generar una reflexión sobre el pasado de la ciudad y rendir tributo a los héroes y víctimas caídos a manos del Cartel de Medellín.

“No es borrar el pasado, no es borrar la historia, es volver sobre él para contarlo desde el lado correcto, que son las víctimas y no los victimarios”, explicó el alcalde de Medellín, Federico Gutiérrez.

La implosión del edificio Mónaco no es el fin de la iniciativa. Por el contrario, es el inicio de una construcción de memoria y de historia.

Y es que desde tempranas horas de la mañana había revuelo en el Club Campestre Medellín, lugar dispuesto para observar el derrumbe.

Cientos de personas asistieron al simbólico acto de demolición de la construcción que ya estaba prácticamente en ruinas desde hace varios años por cuenta del abandono, pero cuyos cimientos se mantenían en pie.

‘Armados’ con paraguas blancos y abanicos para soportar el abrasador calor de Medellín al mediodía, muchos de ellos asistieron vestidos de blanco, lucieron sus mejores galas para una ocasión tan solemne y llena de relatos conmovedores.

Incluso el presidente de Colombia, Iván Duque, hizo presencia y saludó la iniciativa.

“Este evento significa la derrota de la cultura de la ilegalidad y el triunfo de la cultura de la legalidad. Significa que la historia no se va a escribir en función de los victimarios, sino que la historia se escribe reconociendo a las víctimas”, consideró el Mandatario.

Y, al traer a colación una estrofa del Himno Nacional, el Jefe del Estado agregó: “Colombia pasó esa ‘horrible noche’ del Cartel de Medellín y se construye ahora una sociedad de innovación, creatividad, ciencia, tecnología”.

La jornada continuó con algunos videos de víctimas de Pablo Escobar y con interpretaciones musicales a cargo de la banda afrocolombiana Son Batá, el aclamado salsero Yuri Buenaventura y el cantautor medellinense Juanes. Todos ellos acompañados por la majestuosa orquesta filarmónica de Medellín.

Yuri Buenaventura es el cantautor de ‘La última bala’, tema principal de la banda sonora de ‘Escobar, el patrón del mal’ serie de televisión que narra la vida del cabecilla del Cartel de Medellín. El salsero explicó el significado de ‘Medellín abraza su historia’.

“Los colombianos tenemos unas alas de amor para compartir con el mundo, pero ha sido muy desconocida esa Nación porque han existido personas como Pablo Escobar, que no han dejado ver a la humanidad que acá hay una Nación con alas y una Nación de luz”, lamentó. 

No obstante, en su condición de embajador de la Marca País Colombia, hizo un llamado a colombianos de distintos sectores a seguir trabajando por la imagen de Colombia en el exterior. 

“Todos tenemos que trabajar: artistas, artesanos, políticos, economistas, obreros, todo el país es la Marca País y todos tenemos que trabajar. A cualquier lugar que voy llevo mi país, porque llevo mi cultura, llevo nuestra música, es natural para mí. Somos biodiversidad, alegría, futuro. Para los que quieren invertir, inversión; para los que quieren soñar, vengan a soñar; para los que quieren nadar con las ballenas, vengan a ser felices como nosotros”, señaló.

Tour de la memoria

El 21 de febrero, día anterior a la demolición del edificio Mónaco,150 víctimas del narcotráfico hicieron un recorrido por varios lugares de la capital antioqueña. La primera parada fue en el Parque del Poblado, donde se instaló una escultura de hierro macizo bautizada ‘Héroes inocentes’, del artista Cristóbal Gaviria. 

“Quería (que la obra) fuera el origen de una nueva historia”, explicó.

Otro lugar que incluyó el tour fue la estación del metro de Medellín, conocida como La Floresta.

Allí fue asesinado el comandante de la Policía de Antioquia, el coronel Valdemar Franklin Quintero, un oficial incorruptible que se había convertido en una piedra en el zapato de Escobar y sus secuaces. 

Cuando apenas despuntaba el día, la mañana del terrible 18 de agosto de 1989, el coronel fue acribillado por sicarios de Escobar. Su esposa y su hijo Richard se enteraron de la noticia por radio. Richard por entonces tenía 17 años.

“30 años después estamos reunidos aquí para celebrar su legado, su ejemplo de vida y su valor, los cuales permanecen incólumes”, dijo evidentemente conmovido Richard Franklin al recordar a su padre. 

Allí en esa estación se instaló una placa con la portada de ‘El Colombiano’ tradicional diario de Medellín y que dio cuenta del asesinato del coronel Franklin con el titular “Sacrificado el comandante de la Policía Antioquia”.

Luego el tour se desplazó hasta el Museo Casa de la Memoria donde se rinde homenaje a las víctimas. Un Museo llenó de fotografías que no permiten olvidar lo ocurrido y que busca la garantía de la no repetición. 

Claudio Galán hizo todo el tour. Claudio es hijo de Luis Carlos Galán, precandidato presidencial del Partido Liberal para las elecciones de 1990. 

Galán se había convertido en un bastión de la lucha anticorrupción y un enemigo declarado del narcotráfico y del propio Escobar. Se daba por descontado que sería elegido para ostentar la máxima magistratura del Estado para el periodo 1990 – 1994.

Quince horas después del asesinato del coronel Franklin, Galán tenía un acto de campaña en Soacha, un municipio ubicado al sur de la capital colombiana, Bogotá.

Ingresó a la plaza central de esa población.  Allí lo esperaban pacientemente un puñado de sicarios. Una vez subió a la tarima desde donde se iba a dirigir a sus miles de seguidores, una ráfaga de ametralladora lo impactó. Herido fue desplazado hasta el centro asistencial más cercano donde murió minutos más tarde.

Así se cerraba la funesta jornada del 18 de agosto de 1989.

El hermano mayor de Claudio, Juan Manuel, también fue testigo de la demolición del edificio Mónaco. Ya queda poco de aquel joven que, con apenas 17 años y en pleno sepelio de su padre, le entregó las banderas de su movimiento a quien a la postre fue presidente de Colombia, César Gaviria Trujillo.

“El derribo del edificio Mónaco significa un punto de partida, no un punto de llegada en la reconstrucción de la historia y de la memoria alrededor de las víctimas, los héroes caídos por defender la vida, la libertad, la democracia, en contra de esos criminales”, expresó el exsenador Juan Manuel Galán.

Y tiene razón. Es un punto de llegada, porque en palabras del mismo alcalde Federico Gutiérrez “esto que nos pasó, no debe repetirse jamás”.

La plena seguridad de la no repetición es la que va a garantizar que, como lo cantó Yuri Buenaventura ante los asistentes al acto de demolición, los colombianos nos sorprendamos unos a otros “secando lágrimas de alegría”.

Las mismas que producen quienes sí representan a Colombia: James, Falcao, Montoya y ‘El Pibe’; Gabo, Botero y Llinás; Juanes y Vives; Sofía Vergara, Shakira, J Balvin, y Maluma; Nairo y Rigo.

Así como millones de colombianos que con optimismo vislumbran un futuro lleno esperanza y orgullo por lo logrado hasta ahora y las victorias que vendrán.